
domingo, 13 de febrero de 2011
Frío, frío como agua del río.

miércoles, 5 de enero de 2011
Y sigue la lluvia
martes, 30 de noviembre de 2010
Mea culpa.
Tras un proceso dual de introspección y un poco de investigación caí en la cuenta de lo antigua que es la sensación de culpa, no sólo en mis recuerdos, sino en la historia también, específicamente en la del mundo cristiano.
En mi búsqueda me topé con distintas explicaciones de lo que es la culpa y de dónde viene. El primero que surgió entre los libros e Internet fue Freud, él dice que sentir culpa es inherente al ser humano; lo explica con el complejo de Edipo, cómo los hijos eventualmente sentirán una mezcla de emociones negativas hacia su progenitor del mismo sexo, que se traducen en culpa por un conflicto que surge entre el Yo y el Super yo. A decir verdad su explicación no me satisfizo, Freud relaciona todo con el desarrollo sexual del infante, y a pesar de que sea interesante no me resultó emocionante; rimó pero decidí buscar en otro lado. Entré a un portal en Internet llamado “inteligencia emocional” allí explicaban la utilidad de la culpa y cómo ésta regula nuestro comportamiento en sociedad. Explicaban, también, como existen distintos “niveles” de culpa en los cuales ésta se relaciona el daño que se haya causado y las intenciones con las que se actuó. No es lo mismo romper un plato porque estaba enjabonado y se me resbaló, a romper un plato porque no controlé mi ira y lo tiré al piso; el resultado final es el mismo pero la culpa no.
Decidí hacer un pequeño experimento. Busqué la palabra “culpa” en Google y le agregué una afiliación religiosa distinta en cada búsqueda Ej.: Culpa y budismo, culpa y cristianismo, culpa e hinduismo, etc. Después copié la cantidad de resultados de cada búsqueda en una tabla y los comparé. Este experimento, más que un proceso científico, fue una especie de juego que me sugirió por donde continuar mi búsqueda; esto fue lo que encontré:
| Afiliación religiosa | Resultado de búsqueda en Google |
| Culpa y Budismo | 458,000 resultados |
| Culpa y Judaísmo | 460,000 resultados |
| Culpa y Hinduismo | 282,000 resultados |
| Culpa y Taoísmo | 155,000 resultados |
| Culpa y Ateísmo | 260,000 resultados |
| Culpa y Cristianismo | 2,310,000 resultados |
De estos resultados me llamaron la atención el del budismo y el del cristianismo por ser las dos búsquedas que más resultados arrojaron. Las primeras páginas de resultados de la búsqueda “culpa y budismo” tenían títulos como: “la alegría de vivir sin culpa” o “El Buda sin culpa”. Pronto aprendí que la culpa no hace parte de la filosofía budista; incluso leí que en la lengua tibetana simplemente no existe una palabra para ese término, pues ese concepto no hace parte de la cultura. Las páginas eran como quien dice para cristianos occidentales curiosos por el tema, en las que se les explica una forma de vida libre de un concepto básico dentro de nuestra cultura, eso fue suficiente para saber que debía buscar en otro lado.
Miré un par de las millones de paginas que contenían las palabras “culpa y cristianismo”, todas las que leí relacionaban la culpa con el pecado original y la expulsión de Adán y Eva del paraíso. El pecado original es uno de los dogmas cristianos; el hombre desde su nacimiento carga con la culpa de ser hijo de padres pecadores, para subsanar este mal la Iglesia recurre al sacramento del bautismo y así librarnos de culpa, una realmente difícil de entender para mí, e introducirnos oficialmente en la fe cristiana.
Viendo las cosas así, con un tinte menos inocente, la culpa deja ser algo tan natural en el hombre, pareciera ser una excelente herramienta de control social como lo han propuesto algunos pensadores. La iglesia, como institución humana del cristianismo, se dio cuenta de esto y le sacó provecho; tanto que hoy en día muchos de nuestros actos están influenciados por la culpa, que sentimos o evitamos sentir al comportamos dentro del esquema que nos es asignado.
Mi inquietud por entender la culpa brotó de un lugar incómodo de mis adentros que aún no está del todo saciado. Tal vez ese “lugar” dentro de mí siga húmedo de las aguas bautismales que pretendían limpiarme de culpa pero hicieron todo lo contrario. Más que señalar al cristianismo de hacer sentir culpable a una gran porción del planeta, deseo seguir reflexionando sobre el tema y los invito a ustedes a hacerlo; ojalá sea una reflexión que nos haga críticos y nos permita evaluar el motor de nuestro actuar, y así descubrir si obramos movidos por el miedo y la culpa o el respeto a la vida y el reconocimiento de la igualdad de valor de cada ser humano.
lunes, 29 de noviembre de 2010
Fue Teté
Yo no fui, fue Teté.
Sentí culpa, no sé por qué pero la sentí. Después de esta incómoda sensación traté de dormir; la lluvia, en cambio, parecía tener otras intenciones, ella no quería dormir y no lo hizo.
No recuerdo que soñé esa noche, suelo recordar mis sueños y los que me gustan mucho o por lo contrario perturbaron mi descanso los anoto para hacer una especie de catarsis o simplemente para recordarlos, lo que sí recuerdo es que me levanté con la misma angustia del día anterior. Al desayunar miraba por la ventana, esa es una de esas por las cuales se pueden ver nubes lejanas, ese es el único pronóstico metereológico en el que uno puede confiar en estas tierras andinas. Mientras me comía una arepa paisa, intenté racionalizar esa sensación, trataba volverla algo más fácil de comprender. Sin dejar de sentirme incómodo empecé a preguntarme ¿por qué siento esto? Y a los pocos segundos mi cabeza estaba llena de respuestas contradictorias. Por un lado pensaba: quien recibe más debe dar más, en otras palabras quien recibe más esta en deuda y debería hacer algo por saldarla. Por otro lado pensaba, yo no le he hecho daño a nadie, yo no los puse a “ellos” en ese lugar infortunado. Esta reflexión, que parecía más una pelea entre ideas y moral, me recordó aquella frase que todos dijimos alguna vez, “yo no fui, fue Teté”. La decíamos buscando la absolución de alguna travesura cometida, como un lavado de manos efectivo para borrar nuestra culpabilidad sobre los actos pero no nuestro remordimiento, no nuestra culpa.